Delfina Merino, la líder de Las Leonas

Delfina Merino, la líder de Las Leonas

“Perdón, pero estoy desde la mañana temprano y todavía me queda un turno de entrenamiento más”, dice Delfina Merino al salir de una relajada clase de yoga. Delfina Merino, sí la misma Leona que en febrero pasado recibió el premio de Mejor Jugadora del Mundo de hockey sobre césped, tras disculparse, saluda una a una a sus compañeras y se sienta en uno de los bancos de la cancha de hockey del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD). A sus espaldas, un cartel reza “Sólo aquel que no hace nada, ¡no comete errores! Leonas #TodosSomosUno”.

La experimentada jugadora de 28 años lo mira con atención y su rostro se transforma. «Es muy fácil no cometer errores si uno no toma acciones. Lo más fácil es estar de brazos cruzados y así nunca te vas a equivocar pero tampoco vas a saber si las cosas las hacés bien o no”, ensaya una explicación, su explicación, al tiempo que levanta la mirada como probando si su interlocutor está atento. Es uno de los varios momentos de la charla con Clarín en el que sus ojos se transforman e irradian energía, una energía sencilla pero cargada del más genuino positivismo. «Es un lema que tenemos en el seleccionado, sobre todo pensado en las más chicas para que se suelten lo más rápido posible”, continúa delantera y capitana de las Leonas. Y añade: «Sabemos que es muy difícil no cometer errores cuando estás jugando. Es prácticamente imposible, siempre va haber errores. Lo clave es saber suplirlo, darlos vuelta rápido. Y si pasan, tomarlos como tal para seguir creciendo”.

– ¿Qué responsabilidad implica, en medio de este cambio cultural que lucha por la equidad entre el hombre y la mujer, ser embajadora de una marca?

– Estoy con Adidas desde hace más de diez años. Tengo una conexión en cuanto a valores, a principios de laburo que son muy parecidos a los míos. Me gusta esa fidelidad de la marca y también de parte mía habiendo tantas marcas alrededor del hockey. Fueron los primeros que me sponsorearon, incluso cuando todavía no era ni siquiera Leona. Y esas cosas a mí me marcan y me llevan a tener una relación de tantos años.

– ¿A qué valores te referís?

– Al respeto, al cuidado del deportista, a siempre tratar de comunicarse, de respetar los momentos. Es una marca con la que me siento identificada desde las campañas, desde los productos. Fueron los primeros que me asistieron cuando no era Leona y eso para mí es muy valorable. Y ahora, con una carrera armada, marca que compartimos muchas cosas como cuando empecé a los 17 años.

– ¿Y respecto al 8M qué opinión tenés?

– La verdad que es un tema muy complejo pero, a la vez, creo que es algo que debería ser normal, tanto desde el hombre como desde la mujer: somos todos seres humanos e iguales. No creo que tenga que haber alguna diferencia de género. A mí me toca ser embajadora de una marca y el trato que recibo es el mismo que cualquier chico que es embajador desde el lado masculino. No se trata de una cuestión de sexos, se trata de entender que estamos ante un cambio cultural que nos une más.

– ¿Sentís presión por ser una de las líderes del equipo? Antes la carga recaía sobre Luciana Aymar y otras, y hoy sos vos el espejo para las más jóvenes…

– Las más grandes tratamos de absorber las presiones y hacernos cargo de la mochila más pesada para que las más chicas jueguen más sueltas. En definitiva, es lo mismo que yo viví cuando empecé a jugar con las Leonas. Yo no me hacía cargo de las cosas que se hacían cargo las más grandes y tenía la libertad de jugar suelta. Uno a medida que va creciendo va asumiendo otros roles en el seleccionado. Creo que los roles van cambiando, van mutando y hacen que uno esté presente en otras decisiones que no son enteramente sobre hockey. Es algo que se va dando naturalmente. Es como cuando sos chiquita y vas creciendo y vas teniendo otras responsabilidades.

– Pero el liderazgo, como el carisma, se tiene o no se tiene, no vas a un negocio a comprarlo…

– Es cierto, yo lo vivo como algo muy natural. Por ejemplo, lo del premio es lo que más resalta y depende de uno cómo lo toma: si por el lado de la motivación para que te empuje y querer más o del lado de la presión constante. Siento que de mi lado lo tomo desde el disfrute y la motivación porque como vi mi carrera siempre. Empecé desde muy chica y siempre fui creciendo y subiendo de a un escalón por vez y ninguno de los escalones me ató ni me produjo una presión que me haya hecho dejar de disfrutar. La presión nunca fue más fuerte que el disfrute en mi carrera. Y tampoco entiendo que por un premio tenga que cambiar algo. Lo disfruto y soy consciente de lo logrado pero tampoco mi esencia debería cambiar por un premio así. Si llegué a este lugar por un camino por qué habría de cambiarlo.

– Hoy sos el espejo de muchas jóvenes, quién o quiénes eran tu espejo, a quién admirabas…

– Me tocó entrar en el seleccionado cuando había grandes jugadoras y éramos poquitas las que subíamos de las Leoncitas. Era un plantel lleno de grandes jugadoras con una carrera y una trayectoria enorme como Luciana Aymar que fue siempre una jugadora para ver y admirar; también estaban Sole García, Claudia Burkart, Mariné Russo… Y todas desde su lado hicieron que las más chicas nos sumásemos a un grupo armado y consolidado. Antes no era como ahora donde hay muchas jóvenes y un par de grandes. Ellas desde su lugar de la experiencia y el conocimiento nos ayudaron a crecer. Y hoy, somos nosotras las que tratamos de hacer lo mismo. Cuando llegué miraba y observa mucho para adaptarme lo más rápido posible para incorporar los códigos y las reglas tácitas para entender cómo es este sistema de vida.

– Tenés 28 años y una carrera consolidada, ¿cuándo te diste cuenta que lo tuyo iba por el lado del hockey?

– De chica, cuando tenía 15 o 16 años me daba cuenta que esto me gustaba de verdad y era un momento para tomar por uno mismo algunas decisiones de acuerdo a realidades como resignar salidas con mis amigas, salidas al boliche, ir a cumpleaños porque quería descansar para, al día siguiente, volver a rendir al máximo. Y a medida que fui creciendo aumentaron las responsabilidades porque aparecieron las primeras convocatorias a los seleccionados juveniles. Y a medida que iba creciendo iba ratificando la decisión de querer seguir haciendo esto. Y los resultados y el lugar que fui encontrando me ayudaron a que ese camino sea de crecimiento como jugadora. Y hoy sigo eligiendo este deporte. Cada fin de año hago un análisis y siempre la balanza se inclina hacia el lado de seguir poniendo más ganas para continuar. El seleccionado es muy sacrificado, lo que se ve es a las Leonas con la camiseta puesta para jugar un partido, pero detrás de cada partido hay un camino muy largo de entrenamientos, giras, viajes… Todo lo que no se ve es lo que, tal vez, cuesta un poco más. Cuando vas creciendo valorás mucho los momentos familiares en los que podés estar como un cumpleaños, un casamiento. Y muchas veces, esos compromisos se contraponen con la vida de ser Leona. He resignado muchas cosas y cuando me cuelgo una medalla me digo a mí misma que volvería a hacer lo mismo porque esto es realmente lo que me apasiona.

– ¿Cuál fue tu mayor resignación para ser Leona?

– No creo que hay tenido grandes renunciamientos. Siento que pude hacer todo lo que quería. Por ejemplo, me pude ir de viaje de egresados con mis compañeras del secundario. En mi casa me hicieron vivir todo de una manera muy tranquila y natural. De más chica he ido a bailar con mis amigas, tal vez tenía un entrenamiento con el equipo junior y tenía un poco más de energía que ahora. Son edades, hoy me cuido un poco más. No fui estructurada, estricta de disponer irme a la cama a las 21 porque al otro día entrenaba. Si había algo que me iba a hacer bien lo hacía. Salía y volvía más temprano, no me aislaba de cosas que me hacían bien.

– Pero sabés que tu vida se hizo un tanto pública en el sentido de que lo que vos puedas hacer o no repercute internamente en un grupo y también en vos…

– Creo que en las Leonas tratamos de cuidarnos como equipo y personalmente también. Nos ha pasado estar en un torneo entrenando todos los días… nos daban un día libre, íbamos a la playa y alguna lo subía a una red social, después perdías y el periodismo te criticaba porque habías ido a la playa. Y en definitiva, fuiste un día, un rato y en un tiempo libre.

– En los Juegos de Río les pasó algo así: se entrenaron durante meses y el resultado no fue el esperado.

– Por eso, es ser consciente desde un lugar extracancha en el que tenés que cuidar todos los detalles porque lo que hacés tiene un impacto.

– El espejo de las Leonas se ha transformado en un gran imán de atracción para padres que quieren que sus hijas sean como vos y tantas compañeras, ¿qué le dirías a una persona que te pide un consejo para que su hija empiece a jugar al hockey?

– Todos ven el producto final. Se me han acercado muchas personas a preguntarme cómo hago para que mi hija sea Leona y la verdad que no hay una fórmula secreta, no es 2 + 2 es cuatro y listo. Creo que lo principal es hacer lo que a uno verdaderamente le guste porque si no te gusta y no te apasiona es muy difícil llegar. Para mí estar en el seleccionado es 75% cabeza y 25% de juego, algo que lógicamente tenés que tener. Tenés que tener una cabeza muy preparada para aguantar entrenamientos, desgaste físico y mental. La base del juego la tenés que tener. Al gustarte es más sencillo porque tenés más ganas de entrenar y se trasforma en una rueda virtuosa. Esto remite a una frase muy real: elige lo que te gusta y nos vas a trabajar nunca. Es como una rueda que se va autoalimentando. Si a una nena o a un nene no le gusta es muy difícil. De chica tenía pruebas y no dejaba de ir a entrenar o a jugar: me quedaba a la noche estudiando porque jugar me apasionaba. Era como un contrato con mi familia: si me gustaba había que hacerlo sin descuidar el estudio. Y eso, con mi mentalidad bastante autoexigente, era posible porque quería jugar. Cuando tenía 17 años jugaba en la quinta división pero ya me quedaba a entrenar con la primera y al volver a casa me quedaba hasta la madrugada estudiando porque tenía una prueba. Es decisión de uno, a medida que se van poniendo más grande debe asumirlo.

–Surge de inmediato una palabra: pasión. Y para muchos, la vida sin pasión no es vida. ¿Lo hablás con las más chicas?

– Es un tema de pasión y de tener las cosas claras porque llegan momentos en los que tenés que decidir, elegir. Es una elección y depende uno seguir adelante. Lo volvería a elegir una y mil veces. Es un sistema que requiere mucho esfuerzo y a veces tiene cosas lindas: las que resaltan como un triunfo, una medalla, un torneo, un premio.

–¿Qué hubiera sido de tu vida sin el hockey?

– Claramente en algún deporte estaría porque toda mi vida hice deportes y vida de club. Jugué al tenis desde muy chica y cuando me dijeron a los 15 años que tenía que ir tres veces por semana a entrenar mi mamá me pidió que eligiera o hockey o tenis porque no iba a poder cumplir con el colegio que era doble turno y con dos deportes. Siento que no me equivoqué. Seguro estaría con otro deporte y capaz estaría recibida, me queda poco para recibirme de abogada en la UBA. Estoy en la recta final, creo que voy a relacionar mi título con el deporte como el derecho deportivo. No lo tengo definido porque mi cabeza está cien por ciento involucrada con Las Leonas. Quiero llegar a Tokio 2020 y después analizaré porque sé que esto no dura para toda la vida. Pero no me vuelvo loca si no hago cuatro materias por cuatrimestre, si hago una o dos bárbaro para no perder la continuidad porque estoy acá, con mi cabeza en el equipo.

– Hace un momento hablaste de las redes sociales y diste una mirada sobre su costado negativo, ¿tienen un lado positivo?

– Creo que es como todo: el exceso es malo. Los excesos no están buenos para un lado ni para el otro. Depende de cada uno el mensaje que quiera dar y a nosotras las Leonas nos sigue una gran cantidad de chicas jóvenes y adolescentes y eso es un compromiso. No podemos poner cualquier cosa porque somos el espejo de nenas chicas y no es un detalle menor tener eso presente en la cabeza cada vez que las usamos. Me ha pasado tener que dejar el celular, por ejemplo en Berlín cuando fuimos a recibir el premio donde no podíamos poner absolutamente nada durante dos o tres días y Majo (por María José Granatto) nos tuvimos que aislar y lo disfruté un montón. Tal vez, al principio nos costaba pero después nos dimos cuenta lo bueno que es dejar de lado el celular por un buen rato. Es como todo, lo tenés que usar pero en su justa medida. Las redes abren caminos con cosas más allá del hockey pero la vida no pasa por una red social.

Fuente: Clarín

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