El jugador argentino nunca te deja a gamba. No importa la circunstancia ni el momento: una vez que se ponen la camiseta de la Selección, se olvidan de todo. No es casualidad que tanto Las Leonas como Los Leones estén entre los cuatro mejores del mundo en el Mundial, luchando por el título. Ambos planteles saben lo que significa defender estos colores y dejan la vida en la cancha para llevar la bandera a lo más alto.
Pero detrás de esta mística hay una disciplina repleta de deficiencias y promesas incumplidas.
Hablamos de un hockey nacional que carece de una competencia de clubes fuerte y predecible, con torneos que cambian de formato todos los años y que este ciclo ni siquiera contaron con los clubes de Buenos Aires, la liga más competitiva del país. Peor aún: en un tiro en el pie insólito, a los jugadores del exterior, en Buenos Aires no los dejan competir en sus clubes, privando al torneo local de sus mejores talentos.
Es un sistema que tampoco supo capitalizar la histórica medalla de oro de Los Leones en Río 2016 ni rinde tributo a sus leonas campeonas mundiales. Ni hablar de la falta de infraestructura: los planteles de élite siguen entrenando en un CENARD cuyas condiciones están lejos del nivel profesional, sin una casa propia digna de potencias mundiales.
Los jugadores del interior dejan todo para ir tras el sueño de la Selección, pero nadie se pregunta dónde viven ni si tienen para comer. Los de Buenos Aires tampoco la tienen fácil: la beca apenas alcanza ( para todos) y deben hacer malabares para llegar a fin de mes. En los clubes la realidad no es distinta, donde las familias pagan fortunas para poder competir en torneos nacionales.
La falta de sponsors y de una estrategia de comunicación seria hace que el deporte se difunda cada vez menos. Y mientras tanto, resulta más fácil culpar a los dirigentes que sentarse a unir partes.
El hockey argentino debería vivir agradecido de los jugadores de Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Santa Fe y Buenos Aires, por nombrar algunas provincias, que entienden como nadie el valor del sacrificio y el amor puro por la camiseta.
Hoy el hockey nacional vuelve a estar en lo más alto de una Copa del Mundo, buscando un doblete histórico frente a potencias con atletas 100% profesionales que viven una realidad abismalmente distinta a la nuestra.
Estamos profundamente orgullosos de Las Leonas y Los Leones: de los que están jugando el Mundial en Bélgica y Países Bajos, de los que compiten localmente, de los que quedaron en el camino y de los cuerpos técnicos que hacen milagros. Porque si algo está claro, es que el jugador argentino jamás te va a dejar a gamba. Solo queda pedirles dos pasitos más y decirles: muchas gracias por todo.
Por: Gonzalo Santo Tomás